Viajes cortos en Alemania: Gelnhausen en Hessen

Hice un viaje de un día a una ciudad cercana a Frankfurt am Main: Gelnhausen. Si no la conocen o no les suena de nada, no se preocupen… es normal.

Gelnhausen es una ciudad pequeña dentro de la región alemana de Hessen. Es considerada como una de las diez ciudades más bonitas de la región y las fotos son prueba de ello. La postal típica alemana con las casas antigüas, los paisajes verdes y, al menos en nuestro caso, el sol brillando, forman parte de las postales que se pueden hacer de la ciudad de Gelnhausen.

Saliendo de Frankfurt (pasando por Offenbach y Hanau) se llega a Gelnhausen en tren en una hora, por un precio módico de 7€ (lo mismo que cuesta ir a Wiesbaden). Si se vive en Frankfurt y se tiene un ticket mensual o anual, solo se debe pagar lo que sería el trayecto a partir del momento en que se sale de Frankfurt.

Un detalle, fue que nos controlaron tanto a la ida como a la vuelta. Hay que tener cuidado con estas cosas, porque por más que fuera un viaje corto, se trataba de un tren regional. Además, en Frankfurt se están haciendo muchas reparaciones en las estaciones, como lo son la limpieza general, la incorporación de ascensores, etc. Con esto, quiero decir que de algún lado necesitan la financiación, y las multas deben ser una de las fuentes de ingresos más grande para las empresas de transporte.(Casi como si estuvieramos en Argentina...)

La ciudad es pequeña pero muy pintoresca. El centro histórico se puede hacer caminando en una hora. No es una ciudad con demasiados habitantes con lo cual la caminata es agradable y sin demasiados sobresaltos, aunque tampoco sin demasiadas atracciones.

Se puede subir a la parte norte de la Altstadt, en la que hay una construcción antigüa al lado de un pequeño parque (en el que hay un monumento a los caidos por las guerras mundiales) y desde ahi se puede tener una vista completa de la ciudad con sus casas bajas, dos iglesias y los alrededores. En nuestro caso, una vista muy verde y con sol.

Voy a hacer una aclaración. Había un museo, al cual no entré. Y había una atracción llamada la Kaiserpfalz, a la que tampoco entré. Por un lado, el museo, no se que podía ofrecerme una ciudad tan pequeña como Gelnhausen en un museo, y siento que muchas veces los museos son más verso que otra cosa. “Esta es la cama donde durmió Goethe” (para más información, leer la entrada de la Casa de Goethe en Frankfurt am Main), y si Goethe estuvo remotamente cerca de tocar esa cama, yo soy Schiller resucitado.

Y por el otro, la Kaiserpfalz es una pared en la que alrededor le construyeron cosas y te cobran 3€ por algo que probablemente dura 5 minutos, que además, ¡se puede ver desde afuera! Forman parte de los restos de algún castillo del llamado Barbarroja (Friedriech I, Kaiser del Sacro Imperio Romano Germánico). Los restos pude verlos, como dije, desde afuera, sin necesidad de pagar los 3€. 

Lo único importante que parece haber sucedido en esta pequeña ciudad es el nacimiento  del escritor alemán Grimmelshausen, mejor conocido como Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen. Wikipedia tiene un artículo dedicado a este escritor.

Gelnhausen es también la ciudad natal de Phillip Reis, que fue un pionero en la invención del teléfono. En el cartel que dice “casa natalicia de Phillip Reis” le tiran un “Erfinder des Telefons” (inventor del teléfono), que es una aseveración bastante sencillista de lo que fue la historia de dicho invento. Si quieren saber un poco más al respecto, los invito como siempre a que lean.

El viaje de ida y vuelta, más recorrido a pie inclusive nos tomó unas 5 horas. Para un fin de semana en el que no se sabe que hacer, Gelnhausen puede ser una opción.

Si quieren más información de la ciudad de Gelnhausen, les recomiendo visitar la página oficial http://www.gelnhausen.de/

Viaje a Estrasburgo: revisitando a Francia

La última vez escribí sobre Holanda, esta vez sobre Francia, y más precisamente, sobre la ciudad europea por autonomasia: Estrasburgo.


El viaje fue de solo 3 días, para poder aprovechar el feriado del 1 de mayo, día del trabajador internacional, que fue un viernes. Una información de color, es que el 1 de mayo se festeja por una revuelta obrera ocurrida en Chicago, en los Estados Unidos. Esta fiesta se festeja casi en la totalidad del mundo,… a excepción de los Estados Unidos. En este país se celebra el “labor day” el primer lunes de septiembre.

Volviendo al viaje, salimos en Bus para la ciudad de Estrasburgo desde Frankfurt, temprano el viernes, acompañados de una lluvia ligera que estaría con nosotros durante la mayor parte del viaje. En Estrasburgo, la estación de buses se encuentra en la otra punta de la ciudad de donde se ubica la estación central de trenes. Solo algunas empresas paran sus buses al lado de la misma en una calle que no da para ese tipo de buses. Pero bueno, son rebeldes.

Teníamos reservada una habitación a través de Air B&B, que fue una buena idea, tanto por la ubicación del departamento, como por el precio. Ahora bien, al llegar, se trataba de un sexto piso, sin ascensor. Al llegar, casi sin aliento, el departamento era moderno, dentro de lo que cabe, y estaba en buen estado. Una de las camas se encontraba en un pequeño altillo, el cual me hizo doler los pies a cada paso que daba, y lo que me llevó a tomar la decisión de dormir en el sillón/ cama que se encontraba a la altura del piso.

El otro tema fue el baño, el cual incomodó bastante (fui con mi novia y un amigo francés) porque las puertas eran de papel (metáforicamente hablando) y el techo no era 100% cubierto, sino que eran grandes maderas que servían de techo. El resultado era que cualquier ruido que se hiciera ahi adentro, hacía eco afuera. La consecuencia de este hecho fue que nadie quería ir al baño en el departamento. La solución fue tomar “alguna cosa” en algún café cada tanto, para quien lo necesitara, fuera a piacere al baño.

El primer día nos lo pasamos caminando bajo la lluvia. A mi me gusta la lluvia y me gusta caminar mojado. Pero la lluvia era copiosa e ibamos a caminar por un buen rato, con lo que al final compramos dos paraguas “I love Strasbourg”. Algo útil y un souvenir, todo al mismo tiempo. Visitamos la Petite France, la catedral (que se llama también Notre Dame) y un poco del centro de la ciudad donde todo el tiempo estuvo abierto en su totalidad los negocios (recordando que nos fuimos para Francia por el feriado del día del trabajador. En Karlsruhe y en Frankfurt también estaba todo abierto).

El departamento tenía tres bicicletas que podíamos usar, con lo que el sábado, que no llovió durante el día, aprovechamos para dar una vuelta por toda la ciudad. Pasamos por el parlamento europeo que ese día tenía la jornada de las puertas abiertas, pero que para nosotros permanecieron cerradas porque había una cola de 2000 personas. Vimos el edificio de afuera, aunque sea.

Pasamos también por un parque que se llama “Parque de l’Orangerie” que es muy grande y tiene grandes espacios con lagos, ideal para pasearlo en bicicleta. En el centro hay un lugar que es el pabellón Joséphine, construido en honor a la Joséphine de Napoleón. Fui lindo porque era una casa grande en la que pudimos ver unas cigüeñas en una de sus chimeneas. Para quien no lo sepa, las cigüeñas son el símbolo de la ciudad de Estrasburgo.

Y luego, también en bicicleta, nos fuimos por el puente europeo hasta la ciudad alemana de Kehl. El puente une Alemania con Francia, y al pasar de un lado al otro, uno nota las diferencias en seguida. La ciudad de Kehl es muy pequeña y se ven franceses comprando como locos por todos los negocios. Los productos, especialmente algunos como el tabaco, tienen menos impuestos en Alemania y son por ende más baratos.
Volvimos en bicicleta para Francia, para terminar el día comiendo salame con queso, con una baguette y una botella de vino de la Borgoña (que no es de mis favoritos, pero bueno). Como anécdota, debido al água que había caído en esos días y paseando cerca de las vias del tranvía, mi novia se fue al suelo estrepitosamente. No se si es peor caerse uno mismo al suelo o ver a alguien que se quiere caer. Lo mejor sería que nadie se cayera y punto. Pero hay veces que las cosas son inevitables.

El último día nos fuimos a un restaurante donde servían Flammkuchen “à volonté” por 12€, es decir, libres. Las Flammkuchen son como un estilo de pizza muy fina, que llevan crema y panceta, y diferentes tipos de quesos, según que tipo se pida. Y “à volonté” significa comer todo lo que se pueda.

Al volver, corrimos como locos para llegar al bus, el cual salió dos minutos antes de nosotros llegar. Discutí con el conductor desde la calle, haciendo gestos, él y yo, sin ningún éxito, ya que nos abandonó, dejándonos mojados por la lluvia, empapados de sudor, y en calor, por todo lo que corrimos y por la bronca de haber perdido el transporte. Tuvimos que volver en tren, pagando extra el traslado, claro.

Experiencia rica en gastronomia, deporte, y en cosas que hay que tener en cuenta cuando se viaja: ¡salir con tiempo para tomar el bus!

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