¿Qué define a un alemán?

¿Cuál es la diferencia entre un alemán y un inglés? ¿y si comparasemos a un alemán con un portugués? ¿Diferenciándolo con un argentino? ¿Cúal es la manera de ser de los alemanes? ¿Qué es, como pregunta inicial, lo que define a un alemán?


No creo que vaya a poder responder todas esas preguntas en este pequeño texto (digo pequeño a priori, porque no sé cuanto voy a escribir al respecto, pero me gustaría ir a los detalles). Pero es mi objetivo tratar al menos de tocar todos esos temas y relatar algunas experiencias que tuve con diferentes personas (o que viví de cerca) en el país germano.

Esto es, claramente, un gran reduccionismo, ya que solo soy una persona, y mi punto de vista puede ser completamente diferente al de otras 100 personas iguales a mi, que viven en Alemania. Además, no me quiero meter en los grandes estereotipos alemanes. ¿De que serviría hacer una lista diciendo “los alemanes son todos puntuales”, “los alemanes son todos muy trabajadores”? Yo quiero escribir este texto desde mi experiencia y tratar de hilar un poco más fino que esos grandes rasgos tan generalizados que siempre escuchamos.

1) El alemán tiene que hablar y tiene que meterse

El alemán no puede dejar pasar una injusticia o una ilegalidad, el alemán no puede quedarse fuera de una discusión de la que no tiene nada que ver. ¿Recuerdan en épocas antigüas, cuando la gente era educada, en Buenos Aires? Cuando uno tiraba un papel al suelo, siempre había alguien (normalmente alguna vieja) que le diría a uno “señor, se le cayó un papel”. A uno le daba vergüenza, levantaba el papel, y decía “gracias”. Era un “gracias” de gratitud, “gracias por ayudar a la comunidad”, “gracias por querer hacerme mejor persona y ciudadano”.

Ya eso no se hace porque normalmente la situación en la actualidad sería, “señor, se le cayó un papel”, y lo que la persona aludida le respondería, “ ¿y por qué no lo levantás vos? ¡La concha de tu madre!”. Es claras que la salvación está lejos para algunas personas.
En Alemania, todo el mundo es la señora Moralidad que nos indica que el papel se nos cayó. Con lo cual la gente no mete la pata seguido, que es bueno, pero a veces da la sensación de estar siempre observado, que es malo.

Para poner un ejemplo más claro aún de cómo es la cosa en Buenos Aires. Estaba viajando en subte (hace ya un tiempo), y sube un... no sabría como denominar al sujeto y permanecer políticamente correcto, pero bueno, un hombre que a las claras no tenía ni educación, ni techo... solo lo puesto, todo sucio... en fin, que ya se harán una imagen de lo que explico. Esta persona subió al subte, y empezó a escupir, pequeños escupitajos, uno atrás de otro, contra la puerta. Uno, dos, tres, cuatro... incontables. Llenándo la puerta de saliva. El subte paró en la siguiente estación, se bajó y se fue, desapareciéndo. ¿Alguien dijo algo? Nadie. ¿Alguien se quejó? Nadie. ¿Se intentó increpar al sujeto? Para nada.
Tengo más ejemplos de Buenos Aires, pero prefiero concentrarme en el caso de los alemanes.   Con lo cual, sigámos...

En Alemania (como debería ser en todos lados) está prohibido cruzar el semáforo en rojo. Si la policía lo viera a uno, tendría un llamado de atención hasta una multa. Esta regla es más o menos estricta según en que región del país se viva (en Bayern, la gente lo respeta a raja tabla; en Hessen o Baden-Württenberg, no tanto), y la multa también varía según donde uno se encuentre (creo que son 30€ en Hessen, cuando en Bayern eran 50€, aunque puede que me equivoque).

En casi todos los semáforos hay cartéles que dicen “Nur bei Grün, den Kindern ein Vorbild”, que en otras palabras significa, “crucen en verde, sean un ejemplo para los niños”. Cuando uno cruza mal con niños en frente, lo más probable es que alguien le diga algo. Mi colega de trabajo Tim, con su hija, esperando a cruzar, pasa uno y se manda en rojo. Obviamente que lo increpó y le dijo que estando su hija en frente, que hacía cruzando con el semáforo en rojo. A esto me refiero con que “el alemán tiene que hablar”.

El otro ejemplo que quiero dar para “el alemán tiene que meterse” es una cosa que me pasó cuando estaba volviendo de Hanau. Fui a esa ciudad por un congreso de marketing digital para empresas pequeñas y medianas. Al volver, en bus, un hombre con silla de ruedas eléctrica quiere subir. El chofer (que dicho sea de paso era de Europa del Este, no es que sume mucho a la historia, pero es un detalle) le dice que al tratarse de una silla de ruedas eléctrica no puede subir. El inválido estalla en una cataráta de insultos sobre sus derechos. Finalmente luego de no ir para ningún lado, el chofer baja la plataforma y el hombre en silla de ruedas sube, aun gritando. Efectivamente, la silla apenas entraba. El hombre no paró de gritar en ningún momento, básicamente insultando al chofer, como dije. En ese momento, una mujer que se encontraba sentada más atrás se pone del lado del chofer y empieza a decirle al hombre en silla de ruedas que no tiene derecho de tratar así al chofer, que se trata de una persona, que está haciendo su trabajo, y no se cuantas cosas más. ¿Se imaginan una situación parecida en Buenos Aires? Creo que si alguien pasara por esa situación a hora pico en un colectivo en Buenos Aires, y la gente se pusiera del chofer, nos daríamos cuenta que el armagedón estaría empezando, el fin del mundo como lo conocemos. Por otro lado, si la gente se pusiera del lado del pasajero, creo que lincharían al chofer, volcarían al colectivo y le prenderían fuego... sería la única consecuencia lógica.


Bueno, tenía otros puntos que quería mencionar, pero van a tener que esperar a otra entrada, porque esta ya se hizo demasiado larga. 

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